Ya os comenté en la entrada anterior que andamos de reformas en la casa-estantería, con todo lo que ello significa: desorden, polvo y más desorden. No es de extrañar que entre tanta ropa y tanta caja de zapatos acaben apareciendo objetos que teníamos ya olvidados, o dábamos por perdidos. Ése fue el caso de un pequeño y viejo álbum que encontré en el interior de una sombrerera, y que Baabi pronto reconoció como perteneciente a su madre.
-Pensaba que lo había dejado en mi ático de Londres... ¿qué estará haciendo aquí? -se preguntó la ex-modelo en voz alta.
-Teniendo en cuenta que tomaste la decisión de marcharte de un día para otro y pillaste el primer vuelo para España que pudiste encontrar, no es difícil imaginar en qué estado hiciste tu equipaje... -terció Leilah, divertida.
-Tienes razón... Aquellos días fueron una locura... Y la verdad es que me alegro de que haya aparecido. Desde que vivo aquí apenas he visto a mi familia, excepto a la pequeña Celia.
Barbie comenzó a pasar las hojas del álbum, salpicadas de fotos familiares. Algunas ya las conocía, ya que Gossip Queens las había publicado en su artículo sobre la verdadera historia de Barbie. Sin embargo la gran mayoría eran nuevas para mí, y me resultaba emocionante descubrir más detalles sobre la vida de la más famosa de mis inquilinas.
Un grupo de fotografías me llamaron especialmente la atención. Su factura era antigua, y parecían estar tomadas en el interior de una discoteca.
-La fiesta alternativa de dieciocho cumpleaños de mi madre -me informó Baabi-. La oficial la organizó su padre con la flor y la nata de Sevilla en un palacete que alquiló para la ocasión. Pero ella siempre contaba que cuando realmente comenzó la diversión fue cuando pudo quitarse el horroroso vestido de encaje que le hicieron ponerse e irse con sus amigas a una discoteca de Sevilla "a mover el esqueleto".
Me fijé en las fotos, que realmente reflejaban la alegría del ambiente. La discoteca, típicamente ochentera, tenía una pequeña pista de baile y una zona donde poder relajarse tomando una copa y charlando.
Bita aparecía cómodamente sentada, vestida con un impresionante traje rojo (dejando al aire un lateral más que impresionante). Frente a ella, una belleza de pelo rizado y con un vistoso mono blanco y dorado me llamó la atención.
-¡Oh, ésta es tía Cayetana! Es la mejor amiga de mamá desde el jardín de infancia. Sus padres eran diplomáticos de un pequeño país africano, y se enamoraron de Sevilla de tal manera que decidieron quedarse. Incluso llamaron a su hija Cayetana en honor a su madrina española.
-Con Cayetana es imposible aburrirse -continuó-. Aprendió a cantar y bailar flamenco, y sus anécdotas, con ese acento sevillano que tiene, es imposible escucharlas sin romper a reír. Pero está claro que lleva el ritmo en los genes... ¡mira! -dijo señalando las fotografías de la siguiente página, tomadas en la pista de baile.
-Y aquí está la pandilla de mi madre al completo: Cayetana, Belinda y Laura. Eran inseparables tanto dentro como fuera del colegio, y la verdad es que siguen muy unidas. A pesar de la distancia, siguen en contacto por medio de internet o del móvil y siempre consiguen quedar al menos una vez al año para recordar viejos tiempos.
La verdad es que las amistades de la infancia y la adolescencia son difíciles de olvidar, y siempre es una alegría volver a encontrarte con tus amig@s del cole, el instituto o la universidad. Creo que a pesar del tiempo transcurrido, nada puede borrar los buenos momentos compartidos. ¿Qué pensáis vosotr@s?
¡Besos para tod@s y feliz fin de semana!


























