Cuando sonó el timbre, las chicas se abalanzaron hacia la puerta. Afortunadamente, soy más rápida que ellas y en dos zancadas las había dejado a todas atrás. Abrí y me topé con el cartero, que traía un paquete algo voluminoso a mi nombre. Al sacudirlo, intrigada por su contenido, me sorprendió oír una voz que salía de su interior:-¡Que alguien me saque de aquí de una vez! ¡Esto no hay quien lo soporte!
Algo asustada, coloqué la caja en el suelo del recibidor y la abrí con cuidado. Las chicas se escondieron tras la puerta del salón, sin perder de vista el contenido del misterioso paquete. Entre un mar de espuma de polietileno, surgió una cabeza... ¿rosa?
-Puag, tengo trocitos de esta porquería por todas partes... ¡Beckyyyyyyyyyyy! ¡Ven aquí y ayudame!
Becky corrió a ayudar a la cabeza rosa, tocada con una pequeña corona, que asomaba por la caja, y que no paraba de proferir quejas.

-¡No podías haberme buscado un pasaje de primera en un vuelo, no! ¡Un paquete por correo ordinario! ¿Desde cuando he sido yo ordinaria?
-En eso tiene razón la chica -terció Barbie, que contemplaba la escena desde una distancia prudencial-. Es cualquier cosa menos ordinaria. Alguien debería haberle dicho que el carnaval terminó hace semanas. ¡Ay, si sigues con esa costumbre de pisarme tan fuerte cada vez que expreso mi opinión sobre alguien acabarás con mi pedicura! -me gritó.
Ya fuera de la caja y más tranquilas, las dos hermanas se fundieron en un fuerte abrazo. Está claro que se quieren muchísimo. Y aunque podéis comprobar por las fotos que las dos son igual de guapas, me temo, por lo poco que he podido ver, que no son nada parecidas.


Curiosamente, en cuanto Barbie superó la primera impresión y consiguió apartar la vista del color del pelo de Tina, se quedó atónita al ver el atuendo de ésta. Enseguida se acercó y comenzó a preguntarle dónde había conseguido aquellas joyas, el maravilloso vestido, las medias, el bolso y los zapatos... En cuestión de minutos me di cuenta de que pronto serían inseparables, y es que a veces la moda es capaz de forjar grandes amistades. En fin, aquí tenéis una foto de Tina, a la que por supuesto pedí que posara, porque me parece que aunque algo extravagante, es una verdadera preciosidad.

-Puag, tengo trocitos de esta porquería por todas partes... ¡Beckyyyyyyyyyyy! ¡Ven aquí y ayudame!
Becky corrió a ayudar a la cabeza rosa, tocada con una pequeña corona, que asomaba por la caja, y que no paraba de proferir quejas.

-¡No podías haberme buscado un pasaje de primera en un vuelo, no! ¡Un paquete por correo ordinario! ¿Desde cuando he sido yo ordinaria?
-En eso tiene razón la chica -terció Barbie, que contemplaba la escena desde una distancia prudencial-. Es cualquier cosa menos ordinaria. Alguien debería haberle dicho que el carnaval terminó hace semanas. ¡Ay, si sigues con esa costumbre de pisarme tan fuerte cada vez que expreso mi opinión sobre alguien acabarás con mi pedicura! -me gritó.
Ya fuera de la caja y más tranquilas, las dos hermanas se fundieron en un fuerte abrazo. Está claro que se quieren muchísimo. Y aunque podéis comprobar por las fotos que las dos son igual de guapas, me temo, por lo poco que he podido ver, que no son nada parecidas.


Curiosamente, en cuanto Barbie superó la primera impresión y consiguió apartar la vista del color del pelo de Tina, se quedó atónita al ver el atuendo de ésta. Enseguida se acercó y comenzó a preguntarle dónde había conseguido aquellas joyas, el maravilloso vestido, las medias, el bolso y los zapatos... En cuestión de minutos me di cuenta de que pronto serían inseparables, y es que a veces la moda es capaz de forjar grandes amistades. En fin, aquí tenéis una foto de Tina, a la que por supuesto pedí que posara, porque me parece que aunque algo extravagante, es una verdadera preciosidad.









