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viernes, 17 de febrero de 2012

Carnaval, carnaval...

El año pasado me quedé con las ganas de disfrazar a alguna de mis niñas para Carnaval, así que éste me puse manos a la obra y decidí hacerles algo a Gema y Nacho. Tenía muy claro lo que quería, el problema era conseguir que se parecieran a los originales.




Como material base utilicé fieltro. Es una tela muy manejable, que no se deshilacha al cortarla y con mucho apresto. En principio para Nacho sólo iba a hacer la camisa y los pantalones. Pero al final me emocioné y le hice el conjunto entero. A mí me parece que me ha quedado muy gracioso.




Ya le he perdido el miedo a las mangas, y hasta me atreví con las solapas del cuello. El fieltro desde luego es la mar de agradecido...




La pluma del gorro la hice con un trocito de cartulina. No sé ni cómo conseguí que el gorro le encajara en la cabeza, pero lo hace perfectamente.




La daga era un extra que me parecía bastante difícil, pero con un poco de alambre y unas cuentas me sirvió para dar el pego...




Los zapatos, que en realidad son fundas para unas botas, los hice en el último momento, y me gusta mucho cómo han quedado. Para las solapas utilicé algo de silicona caliente, así no tuve que darles puntadas.




El traje de Campanilla fue harina de otro costal. Había que hacerle pinzas, darle forma en cintura y caderas y hacerle un escote tipo corazón. Me ha quedado tipo saco, pero esa es la parte negativa del fieltro. Llega un momento en que no se puede ajustar más.




Las alas también están hechas en fieltro, y llevan algo de alambre por detrás para que no pierdan la forma. No pude resistirme y le hice una foto en la postura de Campanilla que más recuerdo de mi niñez: cuando con su varita llena de luz el castillo de Disney al principio de una película. Mucho Picnik, por supuesto...




Otro extra que no pensaba que haría eran los zapatos. No tenía ningunos que me casaran con el disfraz, y para colmo forrarlos era muy difícil. Así que probé a hacer unas zapatillas, que no me han quedado muy allá, pero con las que he aprendido bastante. No descarto intentar unos zapatos en serio en el futuro...




Al final no pude resistirme y tuve que sacar a Gema-hada al patio, para fotografiarla en mitad de mi trocito de naturaleza...




El problema de que estos Peter Pan y Campanilla tengan el mismo tamaño y estén perdidamente enamorados es que no hay forma de despegarlos cuando intentas hacerles una foto juntos.




Pero están tan monos y hacen tan buena pareja que me daba pena reñirles...




Y ocurrió lo inevitable...




Espero que disfrutéis de este fin de semana de Carnaval. Yo por mi parte me pasaré la noche despierta viendo la Gran Final del Falla y comiendo chocolate.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Deck the hall!

Da igual lo que diga El Corte Inglés o el Mercadona. En mi familia, el pistoletazo de salida de las Navidades es el día de la Inmaculada. Cuando era pequeña, esperábamos este día para zamparnos el primer paquete de Hojaldrinas y la primera tableta de turrón de Suchard, y para decorar el árbol de navidad y "recolocar el belén viviente" (esa es otra historia que os contaré más adelante). Nuestro árbol era bastante feito, la verdad. Mis abuelos lo habían comprado en Alemania durante los años que vivieron allí, y decidieron traerselo para España. Supongo que a mi padre le traía muy buenos recuerdos y por eso no lo cambiaba por otro más frondoso. Googleando he encontrado una foto de uno bastante parecido al nuestro, aunque más grande.


A pesar de todo, la cantidad de adornos procedentes de Alemania (algunos eran pequeñas obras de arte, una lástima que no conservemos ninguno), los kilómetros de espumillón, y sobre todo las luces tuneadas por mi padre (había unido varios juegos de colores y les hizo una programación para que se encendieran y apagaran siguiendo distintas pautas) lo convertían a nuestros ojos en algo mágico.

Aunque hace ya varios años que no adorno mi casa (sigo prefiriendo adornar la de mis padres, que es donde al final pasamos casi todas las fiestas), pensé que era injusto que mis chicas no pudieran disfrutar del ambiente navideño. Casualmente, uno de los blogs que sigo (y que sin duda os recomiendo, dedicado a la creación de minis para muñecas y rebosante de arte e imaginación), My Froggy Stuff, dedicó una entrada a tutoriales en video de adornos navideños, e inspirándome en ella, decidí hacerles uno para decorar el salón. Un trozo de cartulina, un espumillón de los chinos, un poco de lazo y algunas cuentas doradas y ¡proyecto terminado!





Gema invitó a Nacho para que le ayudara, y éste demostró tener una paciencia a prueba de bomba con la pequeña Shelley, que insistió en disfrazarse de ángel para adornar el árbol. Sí, ya sé que el de ángel no es precisamente el disfraz más adecuado para mi minipsychokiller, pero a ver quién le pone el cascabel al gato. Yo no, si pretendo que mi casa no sufra ningún estropicio como un incendio en la cocina o una invasión de hormigas asesinas.



Se ve que Nacho va para padrazo. Incluso ayudó a Shelley a adornar la parte más alta del árbol. Gema estaba encantada.



¿Y qué sería de la Navidad sin esa caja de adornos que todos guardamos en el trastero o en el altillo de un armario?


¿Que quién es esta preciosidad? Pues se trata de Celia, la hermana pequeña de Barbie, que ha venido a pasar un tiempo con su hermana. Sus padres quieren que mejore su español y conozca de primera mano la cultura de nuestro país. Según la propia Barbie, la niña es calcadita a ella cuando tenía esa edad. Como véis, disfrutó de lo lindo ayudando a adornar el árbol.

Y a vosotr@s, ¿os gusta adornar vuestra casa en Navidad?
¿Sois de árbol, de Belén o de ambas cosas?

¡Besos y buen fin de semana a tod@s!

sábado, 29 de octubre de 2011

¡Pillada!

-¿Dónde está Gema? ¿Dónde está Gema?


Barbie gritaba desde el porche, mientras trataba de abrir la puerta de casa sin mucho éxito.


-¿A qué viene tanto jaleo? -pregunté, creyendo que el problema se reduciría a un par de zapatos o un bolso extraviados. Mi Baabi suele hiperreaccionar cuando a ropa se refiere.

Pero al ver su cara comprendí que se trataba de algo serio. Traía las mejillas encendidas, los ojos brillantes y agitaba lo que parecía una revista ante mis narices, haciendo grandes aspavientos.

-¡Mira, mira!

Miré. Y volví a mirar.

-¡Gemaaaaaaaaaa! ¿Dónde está Gemaaaaaaaaa? -grité.

-Ssshhhh, que la váis a despertar con tanto jaleo -Pe, que le estaba leyendo un cuento a Shelley, me señaló el dormitorio de las chicas-. Anoche llegó a las tantas y todavía está en la cama.

-¡Es una emergencia! -le contesté, y salí disparada hacia el dormitorio junto con Barbie. Pe nos siguió, picada por la curiosidad.

Efectivamente, Gema dormía a pierna suelta sobre la cama, que no se había preocupado en deshacer.


Justo cuando me disponía a zarandearla para que se despertara, Gema se movió y abrió los ojos. Se incorporó de un salto al ver tres caras preocupadas rodeando la cama y observandola atentamente.

-Uf... qué dolor de cabeza... ¿A qué vienen esas caras? ¿Han cerrado Inditex? ¿Han prohibido las rebajas por decreto-ley? ¿Ha vuelto la moda acid-house? ¡Decid algo!


-¿Que qué pasa? ¡Eso queremos saber nosotras! -protestó Barbie, pero la mandé a callar con un gesto.

-Esto... Gema, cariño mío... ¿Qué tal fue tu cita de anoche? -pregunté con toda la dulzura que fui capaz de reunir.


-Un sueño, un verdadero sueño... Nacho y yo cantamos todas las canciones durante el concierto, después me llevó a cenar a un restaurante italiano y charlamos y... no me acuerdo de nada más.

-¿De nada más? -exigió saber Barbie.

-¡Ay, no grites, ya os he dicho que me duele la cabeza!

-A ver, esto es importante... ¿Bebiste algo? -controlar mi tono de voz me estaba resultando cada vez más difícil.

-¡Pues claro! Una coca-cola durante el concierto, y otras dos mientras cenábamos.

-¡A ver, alma de cántaro, quiero decir que si bebiste algo de alcohol! -solté sin poder contenerme. Adoro a Gema, pero en esos momentos su empanada mental me estaba poniendo de los nervios.

-No, ya sabes que me sienta fatal, nunca bebo. Cuando terminamos de cenar los del restaurante nos invitaron a un chupito, pero yo pedí licor de manzana, como el que tenemos en casa.

-Déjame adivinar. No especificaste lo de "sin alcohol" -sugerí.

-Ah, ¿es qué lo hay con alcohol? -sus ojos se iluminaron de repente-. ¡Por eso me duele la cabeza! ¡Y por eso no recuerdo nada de lo que ocurrió anoche!

-No te preocupes, que en lo de recordar podemos ayudarte... ¡echa un vistazo! -dijo Barbie, tendiéndole la revista de un manotazo-. No hace falta que la hojees. Mira la portada.



-¡Dios mío! ¿Esa soy yo? ¡Soy yo! ¡Soy famosa! Y estoy... ¡besando a Nacho! -Gema suspiró y sonrió, con ojos soñadores.



-¡A ver qué dice el reportaje! -gritó emocionada, mientras abría la revista en busca de más información-. "La adorable Gema -¿habéis oído? ¡dicen que soy adorable!- parece haber encontrado su media naranja..."

En ese momento sonó el timbre, interrumpiendo tan jugosa lectura.

-¡Qué alguien abra la puerta, por favor! -sugerí, sin querer perderme una palabra del reportaje. Por lo que pudimos deducir, I. Queen, quienquiera que fuese, había seguido a Nacho y Gema desde el momento en que éste la recogió en casa hasta que la acompañó de vuelta. Y lo había hecho sin ser vist@ ni oid@.

-¡Buenos días! -dijo una voz desconocida a nuestras espaldas-. ¡Oh, Gema! ¡Estoy tan contenta de que me invitaras a venir a vivir aquí! -la voz pertenecía a una chica pálida de pelo oscuro, que llevaba un par de maletas encima y que se apresuró a soplar un par de besos sobre las mejillas de nuestra "cover girl"-. ¡Ya verás, seremos como hermanas! Bueno, ya casi lo somos... -añadió guiñando un ojo.


-Un par de preguntas... ¿quién te ha abierto la puerta? -acerté a decir. Me acababa de dar cuenta de que a excepción de Gema, Pe y Barbie, el resto de las chicas habían salido de compras. Y ninguna de ellas se había movido de mi lado. No os lo he dicho nunca, pero vivo casi enfrente de un cementerio, y a veces me da por pensar cosas raras.

-¡He sido yo! -la pequeña Shelley levantaba orgullosa la mano-. He saltado sobre la barriguita de Pobre Oso hasta llegar al picaporte. ¡Ya soy una niña mayor!

"Uf. ¿Miedo a los fantasmas? -pensé- Miedo me da que crezcas, con lo bicho que eres. ¿Por dónde iba yo? Ah, sí. La segunda pregunta."

-Y tú eres... -continue dirigiéndome a la recién llegada.

-Bella, la hermana melliza de Nacho. Nos conocimos anoche -dijo señalando a Gema, que la observaba con atención. Casi podía oír su cerebro chirriando en un intento de recuperar la información perdida a causa de su accidental ingesta de alcohol.

De repente sus ojos se iluminaron.



-¡Ya me acuerdo! Nos encontramos contigo a la salida del restaurante... Habías venido a buscar a Nacho porque el casero os había echado de vuestro piso. Te invité a quedarte aquí y tu hermano comentó algo de mudarse con Ralph y Tommy... Perdona, me temo que anoche bebí demasiado. En la casa hay sitio de sobra. Seguro que no hay ningún problema en que te mudes con nosotras -añadió mirándome con ojitos de cordero degollado, por lo que asentí sin dudarlo.



Dejé a las chicas instalando a su nueva compañera, aunque al salir al pasillo me encontré con Shelley, que saltaba sobre la barriga de Pobre Oso como si del castillo hinchable de un cumpleaños se tratara.

-¡Shelley! ¡Deja de saltar sobre Pobre Oso! Ahora no tienes que abrir ninguna puerta.



-¡Es una emergencia! A Pobre Oso le ha dado un infarto de "sucardio" y le estoy "renimando". En la tele lo hacen con las manos, pero yo he pensado que saltando encima lo curaré más rápido.


Después de la fallida operación de "pendicitis", la sesión de "cupuntura" y la "renimación", he llegado a la conclusión de que House y Anatomía de Grey pueden tener efectos nocivos sobre los niños. Especialmente sobre aquellos candidatos a protagonizar "Dexter" en un futuro no muy lejano.



En fin, que entre el espionaje, el cementerio y la minipsychokiller, como para dormir tranquila en esta casa... ¡Cómo se nota que Halloween está al caer!

viernes, 16 de septiembre de 2011

It's a kind of magic...

Hace ya algún tiempo que mi marido me llevó al Ikea a por una estantería Billy donde poder guardar a mis muñecas. De momento no me traje las puertas, pero en el futuro quiero ponérselas. En fin, que cuando llegué a casa, toda eufórica, la monté en un ratito y me dispuse a sacar a mis Nenucos, bebés, y un largo etcétera de muñecos que tengo guardados en cajas, con la pretenciosa idea de hacerles un sitio en la flamante estantería. Craso error. Cuando ubiqué las Barbies, no hubo sitio ni para la pobre Nancy con su armario, que se ha tenido que conformar con la azotea de la vitrina. Así que una vez que lo volví a recoger todo (no sin cierta pena), llegué a la conclusión de que habría que convertir todo el espacio en una casa-estantería, así que avisé a Ralph para que viniera y comenzara las "obras" tan pronto como fuera posible.

Como a cualquier persona cuerda, la palabra "obras" refiriendose a la reforma total o parcial de un inmueble, me da escalofríos. Así que como confiaba plenamente en el buen hacer y la experiencia de Ralph (y sabía que Pe no se movería de casa mientras él estuviera allí), decidí quitarme de en medio y marcharme a la playa aprovechando los últimos días de buen tiempo. Gema se ofreció a acompañarme, y nos pasamos el día tumbadas al sol, bañándonos, leyendo, comiendo bocadillos de tortilla y filetes empanados y todas esas cosas que se hacen cuando estás en la playa. Cuando volvimos a casa, pudimos comprobar, asombradas, que casi todo estaba terminado. Y con más asombro todavía, también comprobamos que Ralph no era el único chico en la casa.


-¿Le conoces? -le pregunté a Gema. Pero Gema ya había desaparecido escaleras arriba...

Me acerqué sigilosamente a Ralph, que estaba consultando unos planos, y le señalé al desconocido con disimulo.



-Es Nacho. Se presentó el otro día en la oficina, buscando trabajo. Y como Tommy sigue sin poder poner un pie en esta casa... ¡Eh, Nacho! Esta es la dueña de la casa, Rossetti.

El chico me dedicó una sonrisa y un movimiento de cabeza sin soltar el pincel, totalmente concentrado en su tarea.



De repente escuché un taconeo proveniente de las escaleras. Algo pasó volando a mi lado y se posicionó delante de Nacho.

-¡Hola! He pensado que tendrías sed después de todo el día de trabajo. Hace tanto calor... Por cierto, me llamo Gema.

La última imagen que tenía de Gema era la de una chica con el pelo mojado recogido en una coleta, arena hasta en las orejas, restos de crema en la cara, unos shorts desteñidos y una camiseta dos tallas más grande que la suya. Sin embargo, la Gema que le ofrecía un vaso de agua a Nacho no se ajustaba "exactamente" a esa imagen.



El chico soltó el pincel de inmediato y volvió a sonreir... esta vez visiblemente azorado.

-Esto... ¡gracias! Estaba muerto de sed. Me llamo Nacho.

Ambos se quedaron unos instantes allí parados, sin terminar de soltar el vaso la una, sin terminar de cogerlo el otro. Ralph y yo contemplábamos la escena sin atrevernos a respirar demasiado fuerte. Y es que hay momentos mágicos que es mejor no interrumpir...


-Sé que te parecerá una locura -susurró Nacho (aunque claro, tanto Ralph como yo, que no perdíamos puntada, lo escuchamos perfectamente)- pero... ¿querrías acompañarme mañana al concierto de Barbie and The Punk Ladies?

-¡Creía que ya no quedaban entradas!

-Mi hermana tiene algunos contactos, y me consiguió un par de ellas. Está muy ocupada con su trabajo y no puede venir conmigo, así que...

-¡Me encantaría! ¡Adoro a Barbie and The Punk Ladies!


Dejé a Gema conversando animadamente con Nacho acerca del concierto mientras éste daba los últimos retoques a su trabajo. Al final del día, ya tumbadas en el sofá disfrutando de "El Mago de Oz", me di cuenta de que Gema parecía distraída.

-¿En qué piensas? -le pregunté a la más dulce de mis niñas.

-En que no sé qué ponerme para ir al concierto. ¿Sería posible que me hicieras algo especial?

Eso me pasa por preguntar...

P.D. Pronto os pondré fotitos de cómo está quedando la casa-estantería. ¡Y por supuesto, del nuevo modelito de Gema!