martes, 9 de agosto de 2011

Un día en la playa

-Necesito que me prepares algo para ir a la playa. Para mañana.

Sí, las palabras sonaban a Barbie... pero no era Barbie, sino Pe, quien las pronunció ayer por la tarde. Parece estas primas comparten mucho más de lo que parece.

-¿Y tiene que ser para mañana? Es que de un día para otro no sé lo que me va a dar tiempo de hacerte, la verdad.

-Ralph me ha invitado a pasar el día en la playa -me contestó Pe con los ojos brillantes-. Y me gustaría estar guapa.

-Parece que lo vuestro va en serio... Te gusta mucho ¿eh?

-No me sentía así desde el instituto. Desde que conocía a... tú sabes quién. Ralph es un hombre atento, romántico, cariñoso, culto... Compartimos muchas aficiones y nos divertimos tanto cuando estamos juntos... El otro día fuimos la cine, a ver una reposición de "Cleopatra" en versión original, después fuimos a cenar a un restaurante de comida asiática, y terminamos dando un largo paseo por la playa. Fue una velada inolvidable.

-Está bien, veré lo que puedo hacer. Seguro que puedo apañar algo de aquí a mañana.

Como tenía poco tiempo, decidí tunear algo que tuviera en mi caja de retales. Efectivamente, allí encontré un top celeste que venía entre la ropa que me regaló Vero, y que según pude averiguar perteneció a una Barbie Magic Moves. Tenía la cintura algo estropeada, así que le cosí una tira de lentejuelas plateadas, a juego con el remate del cuello. Después rescaté un trozo de gasa celeste del conjunto de de Barbie en Egipto, y cosiendo los bordes le hice una especie de batón holgado, muy de los años 50, es decir, muy del estilo de Pe.


Con un poco de arpillera y lazo morado, confeccioné una pamela de ala ancha y un bolso para la playa. Completé el conjunto con unas gafas de sol Basics y zapatos morados fashionistas. A Pe le encantó el conjunto, y accedió a posar con él para mi cámara. También prometió darme todos los detalles de su día de playa con Ralph.


Cuando Ralph llegó para recoger a Pe, vistiendo un conjunto de playa Fashion Avenue (que compré hace un par de semanas junto con uno para Barbie exactamente igual al de Acerico), también quiso inmortalizar el momento.



Y como Pe es una mujer de palabra, aquí tenéis un pequeño resumen gráfico del día. Por supuesto, comenzaron con algo obligado: poniéndose un buen protector solar, que los rayos UVA te pueden dar un buen susto. Eso sí, se ve que Ralph quiso aprovechar el momento...


Después estuvieron hablando de uno de sus temas favoritos: el cine. Está claro que esta pareja sólo tiene ojos el uno para el otro.


Mientras Ralph iba a por unos refrescos, Pe aprovechó para echarle un vistazo a una revista que había comprado de camino a la playa. Por cierto... ¿no os suena de algo la chica de la portada?


Después decidieron darse un baño. La arena quemaba tanto que Ralph se ofreció a llevar a Pe en brazos hasta la orilla, cual caballero de brillante armadura.


A Pe había que recogerle la baba con cuchara...


A mí me da la sensación de que este es el comienzo de una bonita historia de amor... ¿y a vosotr@s?



viernes, 5 de agosto de 2011

Cris

Al regresar a casa, y mientras subía la maleta al dormitorio, escuché una voz que provenía del estudio. Era Didi, no le dí la mayor importancia, estaría charlando sobre ropa, sobre zapatos, sobre Stephen o sobre Lukas, sin embargo algo hizo que me pusiera en alerta; en la habitación había alguien más. Me asomé y allí, junto a ella, se encontraba una guapa rubia enfundada en una cazadora de cuero. Por la forma en la que estaban hablando y la complicidad entre ellas pude deducir que no se acababan de conocer. De pronto Didi giró la cabeza y, antes de que yo pudiera decir nada, me vio y con una gran sonrisa me saludó.



- ¡Acerico! ¡Ya habéis regresado! ¿Qué tal el viaje? Imagino que todo estupendo, me alegro de que estés de nuevo aquí, te hemos hechado taaaaaanto de menos.

- Gracias Didi -contesté. Un recibimiento demasiado cálido... incluso para Didi ¿qué está tramando? ¿y quién es la nueva rubia? -¿Qué tal todo por aquí? -le pregunté.

- Bueno, por aquí todo sigue igual... Helena y Rahnia con sus posados y sus desfiles, Gisèle con sus... ya sabes... sus 'amiguitos', Alex en la playa con Lukas, Stephen enfrascado en sus diseños... Así que... ninguna novedad al frente

'¿Ninguna novedad? ¡Hay una extraña en mi casa! ¿Qué es eso de ninguna novedad?' pensé, luego respiré hondo...

- Ah, estupendo y... ¿quién es nuestra invitada? -pregunté mientras miraba a la misteriosa joven.

- ¡Oh! ¿Ella? Es Cris, mi prima del pueblo, bueno, su nombre es Cristobalina, pero todos la conocemos por Cris. Ha terminado sus estudios y ha querido tomarse un año sabático recorriendo con su moto distintas ciudades. Se enteró de que yo estaba viviendo aquí y quiso acercarse a verme. Le he dicho que, si quiere, puede quedarse una temporada con nosotros, ¡hacía tanto tiempo que no estábamos juntas! Espero que no te importe... ¡Cris! -la llamó -ven, acércate a conocer a Acerico.

Suspiré y no tuve más remedio que resignarme... ¿qué otra cosa podía hacer? Sí, ya, podría haberle dicho a Didi que mi casa no es el Hotel Acerico Spa & Resort y que su prima, la de Cuenca, podía buscarse algún otro sitio donde dormir pero, no nos engañemos, realmente estaba encantado de que esta nueva chica se uniera al grupo, no sé por qué, pero algo en mí me decía que podía dar muy buenos momentos. Mientras pensaba dónde iba a colocarla (estaba empezando a tener problemas de espacio, estas niñas se multiplican como los Gremlins) Cris se levantó con aire decidido, se acercó hacia mí y, alargando su mano, me saludó, me dio las gracias por acogerla en casa y se excusó diciendo que iba a dar una vuelta en la moto por la playa, no sin antes hacerle algunas fotos para que la pudiéseis conocer. Tras la sesión de fotos, y mientras veía cómo se alejaba, sólo pude pensar en una cosa 'me gusta'.







viernes, 29 de julio de 2011

El Beso

Hace unos meses, cuando me enteré de que Barbie Collector iba a sacar una Barbie Klimt en la serie Museum Collection, me emocioné bastante. Junto con Botticelli, Klimt es uno de mis pintores favoritos, casi hasta la obsesión. Cuando tengo ocasión (y suficiente tiempo libre) me gusta recrear (o hablando en plata, mal copiar) cuadros al óleo, y de Klimt he terminado cuatro. Pero cuál sería mi decepción al ver que la Barbie Klimt se inspiraba en uno de los pocos cuadros que no me gustan del genial pintor, el retrato de Adele Bloch-Bauer I. Para tratarse de la señora Bloch-Bauer I, a los de Mattel no les ha salido mal la Barbie. Supongo que ya habréis tenido ocasión de verla, pero si no, podéis echar un vistazo en el blog de Deirdre, A Sanctuary, my Sanctuary, pinchando aquí. De todas formas, decidí echarle un poco de cara y hacer mi propia Museum Collection Klimt, esta vez de mi cuadro favorito, El Beso:



Elegir a la modelo fue bastante fácil. Becky, con su pelirroja melena, su tez blanca y sus boquita de fresa encarnaba a la perfección a la protagonista del cuadro. Además, contaba con otra ventaja: su pelo rizado es un absoluto desastre, he estado a punto de ponerlo a hervir en alguna ocasión, pero a cambio me permite realizarle cualquier peinado, por elaborado que sea, sin miedo a que se le estropee el pelo (sobre todo, porque nunca va a quedarle peor de como lo tiene). Así que con un poco de lamé dorado sobrante de los nuevos vestidos de fiesta de Barbie y Leilah, un retal de gasa negra y pintura acrílica, me lancé a la confección de un conjunto inspirado (que no exactamente calcado) en el cuadro. La verdad es que tardé más en aclararme con el diseño que lo que tardé en llevarlo a cabo, y en una tarde tenía lista mi propia Barbie Museum Collection. Y aquí tenéis el resultado, junto con mi mala-copia, digo, recreación, de El Beso (en mi defensa diré que fue el segundo cuadro que pinté en mi vida, tan lanzada como siempre).



El conjunto consta de un vestido palabra de honor (sí, again), ceñido a la cintura con un pequeño cinturón, y un chal que combina lamé dorado y gasa. Los zapatos son Basics Jeans.



Todo el traje está pintado con motivos florales inspirados en el propio cuadro, realizados con pintura acrílica. Asímismo, el chal de gasa emula las ramas de la parte inferior del cuadro.


Para el pelo, opté por un semi-recogido. Partí el pelo en dos, retorcí ambos mechones y los uní en el centro con una goma transparente. Después, rocié los mechones que sobresalían con un poco de protector térmico del Mercadona y les di forma con los dedos. Finalmente, pinté unas flores y se las coloqué sobre el peinado.


La verdad es que el resultado me encantó, Becky parecía estar hecha para este modelo, y no podía parar de hacerle fotos.


Obviamente, ella estaba encantada con tanta atención, tanta foto y sobre todo, con un conjunto hecho especialmente para ella.


Después de ver el resultado, he decidido no tratar de alisarle el pelo a Becky. Casi no me atrevo a peinar a las otras por miedo a estropearles el pelo, y lo cierto es que me encanta hacer recogidos. El protector térmico me resultó muy útil porque aparte de humedecer el pelo tiene un poco de efecto fijador, no tanto como la laca, pero suficiente para dejarte moldearlo. Ya os contaré qué tal se elimina cuando le quite el peinado.


Para terminar, un primer plano de la modelo, que no podía estar más guapa, o al menos a mí me lo parece.


Le ha gustado tanto la experiencia, que se ha ofrecido para protagonizar otro Museum Collection que me gustaría realizar, inspirado en la obra de Botticelli. Lo mismo cuando se entere de que tiene que posar medio desnuda se echa para atrás...

martes, 26 de julio de 2011

Stephen McQueen

Afortunadamente los packs de ropa fueron todo un acierto. Las chicas estaban encantadas con los nuevos modelitos. Didi y Alex se encontraban probándose algunos de ellos mientras no paraban de decirse mutuamente lo súuuuuper divinas y súuuuuper ideales que estaban con aquellos vestidos cuando, de pronto, escuchamos un quejido que provenía de una de mis maletas aún sin deshacer.

Nos acercamos y pudimos comprobar como, de entre las camisas, asomaba una mano. La sorpresa fue enorme al comprobar que era el mismísmo Stephen McQueen el que se había colado de polizón en mi maleta.

Stephen me explicó que, tras haberle hablado yo de las niñas, sentía curiosidad por conocerlas ya que presentía que encontraría en ellas inspiración para sus próximos diseños. Además, su ciudad natal, Londres, le traía a la mente recuerdos que él prefería dejar atrás... ¿y qué mejor sitio para empezar de nuevo que la soleada Cádiz? Las niñas parecían estar encantadas con nuestro nuevo inquilino, ya se veían posando para él y conviertiéndose en sus musas.

Tan felices estaban con la llegada de McQueen que no dudaron en pedirle que improvisara algún modelito para ellas. Stephen no se dejó de rogar y en un momento pilló un trozo de tela roja y vistió con ella a mi querida Didi mientras Alex se tiraba de los pelos de envidia (aunque eso sí, envidia sana).

domingo, 24 de julio de 2011

Shopping abroad

Días antes de volver a España me encontraba visitando a unas primas segundas de nuestras Barbies en el Science Museum cuando, de pronto, vinieron a mi mente las proféticas palabras de Didi al despedirme de ellas ‘si no nos traes algo te la vamos a liar parda’.

Así que, por mi bien, decidí ir a buscarles algún detallito con el que satisfacer su adicción a la moda. Estuve visitando algunas jugueterías pero, desgraciadamente, no encontré nada nuevo, restos de algunas Fashionistas Swapping Style y algunos packs individuales con ropa que fácilmente se pueden encontrar en Cádiz.

Casi agotado después de mucho rebuscar, estaba ya a punto de darme por vencido y pensando en el castigo que me aguardaba por no llevarles a las niñas ni un triste top cuando, por casualidad, me topé con un joven que, tras presentarse, me preguntó si necesitaba ayuda.

Le expliqué lo que buscaba y le hablé de las chicas, de su afición (o mejor dicho, obsesión) por la ropa, los zapatos y cualquier otro complemento que poder lucir, y de cómo cinco enanas podrían convertir mi apacible vida en un infierno si no me presentaba con un regalo para ellas. Afortunadamente, Stephen (que así se llamaba el joven, Stephen McQueen) era un joven diseñador que empezaba a despuntar en el mundo de la moda y conocía perfectamente todas y cada una de las tiendas de la ciudad, así que, tras pensar un rato, me sugirió que me acercase a John Lewis.

Tal como me había sugerido Stephen, fue finalmente en el departamento de juguetería de John Lewis donde encontré estos packs Fashionistas que, hasta el momento, no han llegado a Cádiz, así que me hice con un par de ellos. ¡Espero que les gusten a las niñas!

miércoles, 20 de julio de 2011

Sunny Frankendollie

Sunny suele ser la alegría de la huerta, por eso me chocó tanto llegar a casa y encontrármela llorando desconsolada sobre el sofá, rodeada por el resto de las chicas.

-¿Se puede saber qué ocurre? Y por favor, no me digáis que también se ha enamorado de Tommy porque directamente lo empaqueto y lo mando a China.

-No, no se trata de nada de eso -me tranquilizó Barbie-. Son... sus pies. Dice que está harta de pasearse descalza por todas partes y que tiene derecho a usar tacones como nosotras. Sobre todo ahora que su hermana Álex también puede.

La idea me preocupó. ¿Y si Sunny se traumatizaba por dejar de ser idéntica a su hermana gemela después de tantos años? Así que corrí a llamar a Acerico (recién llegado de sus vacaciones) , para ver si le quedaban ganas de ejercer de cirujano y sobre todo, algún otro cuerpo donante. Resultó que sí, aunque de un tono de piel algo más oscuro que el de Sunny. Dudé un poco, pero el desgarrado llanto proveniente del salón me decidió.

-Esta misma tarde te la llevo. Total, como mucho se parecerá a esas famosas que de tanto micropeeling terminan con una cara tres tonos más pálida que el resto del cuerpo. Y siempre puedo volver a colocarle su cuerpo original si no está satisfecha.

Dicho y hecho, cogí a Sunny y la llevé a casa de Acerico, quien con suma pericia realizó la operación (para horror y trauma de la pobre My Scene donante, que se encontró de repente con pies de hobbit). Ya de vuelta en casa, me di cuenta de que se le había estropeado la pintura de los labios, así que ni corta ni perezosa cogí mis pinceles y aproveché para aclararle el color, de un fucsia intenso a un rosa algo más apagado. Como outfit para estrenar su nuevo frankencuerpo, elegí la camisa del conjunto Scarlett Johansson a modo de minivestido negro, el collar que le hice a Barbie para su viaje a L.A. como cinturón, zapatos Fashion Fever y unos aretes plateados de Chabel.

Cuando Sunny despertó de la anestesia y contempló su nueva imagen, no cabía en sí misma de alegría. Creo que ni se ha dado cuenta de la diferencia de tono (sobre todo porque no podía dejar de mirar sus zapatos, y de mover sus nuevas articulaciones en las rodillas). Enseguida me pidió una sesión de fotos, y no pude negarme. He puesto primero una foto del día en que Sunny llegó a casa para que veáis mejor la diferencia.






Soy consciente de que se le nota la diferencia de tono (en la tercera foto he colocado el brazo junto a la cara para que lo veáis bien), pero está tan contenta que ni se me ocurriría volver a ponerle su antiguo cuerpo.

sábado, 16 de julio de 2011

Un pequeño homenaje

Hay días en los que te sientes especialmente nostálgica o melancólica. Cuando me ocurre eso, normalmente me da por escribir (un poema, un cuento, o unas líneas de algo que pretendo que sea una novela en un futuro lejano), pero hoy se me quedaba corto. Me apetecía compartir con vosotros un pequeño pero importante trozo de mi vida, y que en cierta forma está relacionado con las muñecas.

Ya sabéis que aunque mi pasión es Barbie, siento debilidad por otros muñecos, como los Nenucos (tengo cinco, más dos tamaño mini) y las Nancys. Bueno, en mi caso debo decir LA NANCY, porque sólo poseo una, y bastante perjudicada está la pobre. Mi devoción por la reina de Famosa comenzó cuando apenas contaba tres o cuatro años. Mi abuela, amante también de las muñecas, tenía una vestida con el modelo ibicenco. Normalmente me estaba vetada, pero de vez en cuando me permitía cogerla y admirarla (que no jugar con ella), siempre que no me moviera de su lado. Aquí he rescatado una foto de mi infancia, en la que la sostengo totalmente embelesada. La pobre muñeca no sobrevivió a las constantes obras en mi casa, pero afortunadamente, y con permiso de mi abuela, conservo ese traje que me trae tantos buenos recuerdos.


Obviamente, mi abuela pronto se dio cuenta de que su Nancy peligraba, así que convenció a mi madre para que me pusiera una por Reyes. Ahí la tenéis por triplicado (una para mi hermana, otra para una prima, y la de en medio para mí). Era una Nancy disfraces, que traía dos conjuntos, uno de arlequín y otro de colombina. Y sí, jugué mucho con ella y terminó sin piernas de tanto vestirla y desvestirla, pero no pudo competir con el otro regalo de aquel año: mi primera Barbie, la Pink'n'Pretty, cuya caja rosa fucsia podéis intuir tumbada en mitad de la mesa. Aquel año también cayeron la Rueda de la Moda (lo de diseñar me iba desde pequeña), un juego de mesa que recuerdo que traía muchos anillos de plástico (por supuesto pasábamos del juego en sí y flipábamos con los anillos), libros de cuentos, chuches y una pequeña bici Torrot. La verdad es que cuando veo a los niños venga a pedir por Reyes playstations y nintendos y juegos de ordenador, me dan lástima. Realmente no saben lo que se pierden, y lo feliz que se puede ser con un par de muñecas y tres juguetes más.


Esa cámara de Super-8 que véis apoyada en la barra americana pertenecía a una de las personas más importantes de mi vida. Mi abuelo. De él viene mi nombre, y mi amor por el cine. Le encantaban las películas de Disney. Su favorita era La Dama y el Vagabundo, aunque yo siempre le recordaré en una oscura sala de cine disfrutando como un niño pequeño de Fantasía, que me llevó a ver siendo yo una chiquilla. También sentía pasión por las películas antiguas. Sentados frente a una mesa repleta de chocolate y frutos secos, cada sábado disfrutábamos en el programa Cineclub de una doble ración de Montgomery Cliff, Alfred Hitchcock, Marlene Dietrich, Billy Wilder, Clark Gable... También le debo la mayor parte de los libros y la música de mi infancia, todos los fuegos artificiales que pasearon por el cielo de Cádiz hasta mi adolescencia, muchas noches de baile y teatro y, por su profesión (era carpintero y ebanista), mi afición por trabajar con las manos y por el bricolaje. Era risueño, cariñoso y divertido, muy divertido. Tengo decenas de fotos de sus disfraces, pero he decidido incluir una que se corresponde con la de la foto anterior.


Mi abuela le hizo ese disfraz a escondidas la víspera de Reyes, y no dudó en ponérselo para hacerse unas fotos. Cuando las revelaron y nos las enseñaron, nosotras no nos dimos cuenta de que era él, realmente pensamos que teníamos una exclusiva del rey Melchor. En fin, entre sus muchos regalos, guardo uno con especial cariño. El verano antes de cumplir los once años me enamoré de una Nancy Jeans rubia, y cada vez que pasaba por delante del escaparate suspiraba por ella. Mi madre me decía que ya iba siendo algo mayorcita para muñecas (pobrecilla, no sabía la que le quedaba, que nunca dejé de pedirlas), pero a mi abuelo esas cosas no le importaban y esperó pacientemente hasta que llegó mi cumpleaños para regalármela (que le reñían si me la regalaba antes, jeje).


Hasta que me casé estuvo en mi habitación, con un look diferente cada semana. Heredé un armario de Nancy y muchos conjuntos de la hija de unos amigos de mis padres, y me encantaba cambiarla de ropa. Después vinieron las constantes mudanzas, y estuvo varios años guardada, hasta que hace unos meses pude sacarla de nuevo. Así que he pensado que de vez en cuando puedo hacerle unas fotillos con sus conjuntos setenteros y ponerlas en el blog, creo que se lo merece... ¿y vosotr@s?


Para terminar, quería ofreceros un poema que le escribí a mi abuelo un año después de su despedida... o tal vez debería decir, de su "Hasta luego..."

Gracias a tod@s por compartir vuestro tiempo con mi nostalgia...