





















Al regresar a casa, y mientras subía la maleta al dormitorio, escuché una voz que provenía del estudio. Era Didi, no le dí la mayor importancia, estaría charlando sobre ropa, sobre zapatos, sobre Stephen o sobre Lukas, sin embargo algo hizo que me pusiera en alerta; en la habitación había alguien más. Me asomé y allí, junto a ella, se encontraba una guapa rubia enfundada en una cazadora de cuero. Por la forma en la que estaban hablando y la complicidad entre ellas pude deducir que no se acababan de conocer. De pronto Didi giró la cabeza y, antes de que yo pudiera decir nada, me vio y con una gran sonrisa me saludó.
Hace unos meses, cuando me enteré de que Barbie Collector iba a sacar una Barbie Klimt en la serie Museum Collection, me emocioné bastante. Junto con Botticelli, Klimt es uno de mis pintores favoritos, casi hasta la obsesión. Cuando tengo ocasión (y suficiente tiempo libre) me gusta recrear (o hablando en plata, mal copiar) cuadros al óleo, y de Klimt he terminado cuatro. Pero cuál sería mi decepción al ver que la Barbie Klimt se inspiraba en uno de los pocos cuadros que no me gustan del genial pintor, el retrato de Adele Bloch-Bauer I. Para tratarse de la señora Bloch-Bauer I, a los de Mattel no les ha salido mal la Barbie. Supongo que ya habréis tenido ocasión de verla, pero si no, podéis echar un vistazo en el blog de Deirdre, A Sanctuary, my Sanctuary, pinchando aquí. De todas formas, decidí echarle un poco de cara y hacer mi propia Museum Collection Klimt, esta vez de mi cuadro favorito, El Beso:








Afortunadamente los packs de ropa fueron todo un acierto. Las chicas estaban encantadas con los nuevos modelitos. Didi y Alex se encontraban probándose algunos de ellos mientras no paraban de decirse mutuamente lo súuuuuper divinas y súuuuuper ideales que estaban con aquellos vestidos cuando, de pronto, escuchamos un quejido que provenía de una de mis maletas aún sin deshacer.Nos acercamos y pudimos comprobar como, de entre las camisas, asomaba una mano. La sorpresa fue enorme al comprobar que era el mismísmo Stephen McQueen el que se había colado de polizón en mi maleta.
Stephen me explicó que, tras haberle hablado yo de las niñas, sentía curiosidad por conocerlas ya que presentía que encontraría en ellas inspiración para sus próximos diseños. Además, su ciudad natal, Londres, le traía a la mente recuerdos que él prefería dejar atrás... ¿y qué mejor sitio para empezar de nuevo que la soleada Cádiz? Las niñas parecían estar encantadas con nuestro nuevo inquilino, ya se veían posando para él y conviertiéndose en sus musas.
Tan felices estaban con la llegada de McQueen que no dudaron en pedirle que improvisara algún modelito para ellas. Stephen no se dejó de rogar y en un momento pilló un trozo de tela roja y vistió con ella a mi querida Didi mientras Alex se tiraba de los pelos de envidia (aunque eso sí, envidia sana).
Días antes de volver a España me encontraba visitando a unas primas segundas de nuestras Barbies en el Science Museum cuando, de pronto, vinieron a mi mente las proféticas palabras de Didi al despedirme de ellas ‘si no nos traes algo te la vamos a liar parda’.
Así que, por mi bien, decidí ir a buscarles algún detallito con el que satisfacer su adicción a la moda. Estuve visitando algunas jugueterías pero, desgraciadamente, no encontré nada nuevo, restos de algunas Fashionistas Swapping Style y algunos packs individuales con ropa que fácilmente se pueden encontrar en Cádiz.
Casi agotado después de mucho rebuscar, estaba ya a punto de darme por vencido y pensando en el castigo que me aguardaba por no llevarles a las niñas ni un triste top cuando, por casualidad, me topé con un joven que, tras presentarse, me preguntó si necesitaba ayuda.
Le expliqué lo que buscaba y le hablé de las chicas, de su afición (o mejor dicho, obsesión) por la ropa, los zapatos y cualquier otro complemento que poder lucir, y de cómo cinco enanas podrían convertir mi apacible vida en un infierno si no me presentaba con un regalo para ellas. Afortunadamente, Stephen (que así se llamaba el joven, Stephen McQueen) era un joven diseñador que empezaba a despuntar en el mundo de la moda y conocía perfectamente todas y cada una de las tiendas de la ciudad, así que, tras pensar un rato, me sugirió que me acercase a John Lewis.
Tal como me había sugerido Stephen, fue finalmente en el departamento de juguetería de John Lewis donde encontré estos packs Fashionistas que, hasta el momento, no han llegado a Cádiz, así que me hice con un par de ellos. ¡Espero que les gusten a las niñas!
Sunny suele ser la alegría de la huerta, por eso me chocó tanto llegar a casa y encontrármela llorando desconsolada sobre el sofá, rodeada por el resto de las chicas.




Hay días en los que te sientes especialmente nostálgica o melancólica. Cuando me ocurre eso, normalmente me da por escribir (un poema, un cuento, o unas líneas de algo que pretendo que sea una novela en un futuro lejano), pero hoy se me quedaba corto. Me apetecía compartir con vosotros un pequeño pero importante trozo de mi vida, y que en cierta forma está relacionado con las muñecas. 



