Desde su nacimiento, Barbie estuvo presente en las Navidades de muchas niñas. La muñeca era una de las favoritas y sus ventas solían dispararse al llegar estas fechas. Sin embargo, aunque ahora las consideremos codiciados objetos de coleccionismo, los precios de aquellas modelos de vinilo no dejaban de ser "populares". No es que estuvieran regaladas, pero se trataba de un juguete asequible y a un precio razonable.
Este concepto cambió en 1988, cuando un directivo de Mattel revolucionó el mundo rosa pantone cuando se decidió a vender una Barbie cuyo precio doblara el de sus compañeras. Por supuesto, tenía que tratarse de una edición especial y cuidada, cuyo embalaje, vestido, complementos... y en general cuya imagen mereciera tal desembolso de dinero. Por supuesto, la mejor época para lanzar al mercado un producto tan arriesgado no podía ser otra que la Navidad. Y así nació la Barbie Happy Holidays, una muñeca de melena ondulada envuelta en capas y capas de tul rojo espolvoreado con purpurina.
Contra todo pronóstico, la Barbie Happy Holidays arrasó en las jugueterías, vendiendose incluso al doble de lo que Mattel había previsto. Y no sólo fue el regalo navideño ideal para las niñas: también demostró a los directivos del gigante juguetero que su muñeca icono continuaba fascinando a sus madres y tías, a aquellas generaciones que habían convertido a Barbie en su compañera de juegos de la infancia y que ahora disponían de los medios para comprarlas. De alguna forma, esta Barbie "inauguró" la línea collector dirigida al público adulto, al mismo tiempo que se convertía en un tesoro navideño que podía enganchar a las futuras coleccionistas. Eso hizo que los de Mattel se decidieran a crear una serie que continuaría hasta 1998, y que podéis admirar con detalle en el blog de Sarai.
No tengo ninguna Barbie de esta serie, pero este verano durante mi visita a Málaga, mi cuñada me sorprendió al enseñarme un par de muñecas que le había traído una amiga belga de su madre, y que habían pertenecido a su hija. Enseguida me di cuenta de que el traje de una de ellas era muy especial, y aunque la Barbie que lo vestía estaba en un estado pésimo (tenía la cabeza pegada al cuerpo con pegamento, le habían cortado el pelo, que se veía sucio y pegajoso, y su cara estaba llena de manchas oscuras), me ofrecí al menos a intentar adecentarla.
Como la mayoría de las veces, se me olvidó hacerle una foto del antes, y la verdad es que es una pena, porque sin duda es la Barbie en peor estado que he restaurado hasta ahora. No puedo decir que quedó perfecta: la marca del pegamento del cuello no salía ni a tiros, tuve que usar mucha masilla para tapar un trozo de plástico de la nuca que se había roto, y las manchas oscuras de su cara resultaron ser de humedad y no tenían remedio. De todas formas, mereció la pena el trabajo, y es que tras mucho investigar, resultó que se trataba de una Happy Birthday de 1983... ¡toda una veterana! Aquí tenéis algunas fotos de la muñeca original:
Puede que algun@ se esté preguntando... ¿pero esto de que va, de navidades o de cumpleaños? No, no es que haya cambiado de tema de repente. Es que el vestido que esta pobre Barbie lucía no era otro que el original de la Happy Holidays de 1988. Y ése sí que estaba en perfectas condiciones. Tras un lavado a mano, estuvo listo para ser admirado de nuevo. Y qué mejor forma que con una sesión de fotos de esta restaurada Happy Birthday enfundada en su traje Happy Holidays...
Ese día apenas tenía luz natural, y tuve que tirar de flash y luz artificial... un desastre. Pero la cosa no estaba para ponerse tiquismiquis y tiré para adelante con lo que había. Para darle un toque navideño, y aunque en mi familia somos de Reyes Magos, decidí incluir un árbol y una montaña de regalos.
Y por supuesto una botella de champán y un par de copas para brindar en Nochebuena.
Creo que a pesar de sus desperfectos, esta Barbie quedó satisfecha con su nuevo aspecto...
Como la marca de pegamento en el cuello resultaba demasiado evidente, decidí utilizar un trozo de cinta plateada, a juego con el adorno de la falda, para disimularlo.
Siento la calidad de las fotos, el tiempo apremiaba y no tuve la oportunidad de repetirlas con la luz adecuada. De todas formas, no quería dejar pasar la oportunidad para desearos a tod@s unas felices fiestas en compañía de vuestras familias y amigos.
Aprovecho también para deciros que desde hoy y hasta después de Reyes estaré desconectada de la blogosfera. He programado las entradas de las dos próximas semanas, y en cuanto pueda prometo ponerme al día con vuestros blogs, que seguro que tendréis muchas novedades navideñas. Os voy a echar de menos, y es que como Acerico y yo os hemos comentado en varias ocasiones, sois lo mejor que nos llevamos de este pequeño espacio. Sin vuestras cariñosas palabras y vuestro ánimo, creo que haría ya mucho que la falta de tiempo y el estrés de nuestros trabajos nos habrían hecho abandonar, y a veces tenemos la sensación de que no os lo agradecemos lo suficiente. En fin, que como siempre me enrollo más de lo necesario...
¡Besos para tod@s... y Felices Fiestas!


























































